Quería escribir sobre lo que hoy viera, y para mi sorpresa, vi mucho.
La mañana comenzó con apresurados pasos, y como nunca, tuve que cambiar de dirección, no sólo porque se me hacía tarde, si no porque, extrañamente, esta mañana estaba vacía.
El vagón del metro llevaba un inquietante silencio, por la ventana se veía un día radiante, más abajo las personas desplazándose, en ellos, esos que no se iluminaban, el día radiante era solo un cuento.
Volví a las callecitas por las que alguna vez pasé aceleradamente para llegar a "puerto". Muchas cosas han cambiado desde que eso pasaba, pero los arboles siguen allí, y como si de un encuentro de amantes se tratara, nos volvimos a ver, sus grandes copas, fuente natural de sombra seguían allí, y como antes, cumpliendo la tarea de proteger, en esta oportunidad con mayor razón, el calor es un carajo...
El aroma de esos arboles, me llevó irremediablemente a la ternura de los 18 años, cuando creía que todo lo podía, y que el mundo cabía en mis manos...
Llegué finalmente al lugar al cual iba, un elegante edificio con citofono en pedestal, me dio la bienvenida, apreté el botón, y una amable voz dijo "buenas tardes", y me sorprendí, ¿buenas tardes?... volví a mis sentidos, y saludé. Entré, y el conserje volvió a saludarme, cosa a la que respondí... entregué la documentación, y con eso, estaba lista mi tarea...
Me enteré en ese momento, que el conserje se llama Sergio, él, muy amable, me instó a la conversa... hablamos al menos una media hora, siempre he tenido "buena onda" con los conserjes, en ellos hay fuente de información innata, saben de mucho, cuentan todo, y aunque sus vidas (de acuerdo a lo que vemos) transcurre tras un mesón, y frente a un muro de casilleros, tienen mil historias, todas con algun grado de sazón.
El recorrido continuaba hacia el centro de Santiago, entre tanta vuelta hice la entrada al corazón de la ciudad por Agustinas, allí, era imposible no quedarse en alguna vitrina, y de lo que sea.
Así, cerca de las 17 horas, me quedé pegada en la tienda de viejos libros, mi alma se salió del pecho cuando vi entre los ejemplares "Obras Completas" de Rodrigo Lira, sencillamente no lo podía creer... decidida, entré. Las campanitas de la puerta me anunciaron con cierta violencia, y es que mis ansias empujaron aquella puerta.
En la entrada, tras una torre de libros de diversos colores, y por cierto, tambien aromas, estaba la dueña de la tienda, una mujer de baja estatura, cabello plomizo, piel arrugada, pero cuidadosamente hidratada,y ojos cafe, ella estaba concentrada en una lectura, y mi entrada poco triunfal, la dejó con un suspiro en la boca y el corazón a mil, sonreí, y pregunté: "el libro de Rodrigo Lira, ¿a cuánto está?, se quedó pensativa, y luego de unos segundos respondió: "¿qué libro es?, lo señalé a su derecha, lo miró, y dijo: "ah, ese, está a 83 mil pesos", hasta allí, en mi rostro aun había una sonrisa, y con evidente desgano, me despedí.
Las campanitas esta vez sonaron con más dulzura, para mi, tristeza, pero bueno, antes de cerrar, la señora me detiene y me pregunta si me gusta Lira, ¡sí, me gusta mucho!. En ella noté cierta complicidad, el ambiente era agradable, de hecho me invitó a pasar otra vez, "mira, no puedo rebajar el libro, y tampoco regalártelo, pero ¿qué te parece si lo leemos?, me pareció insolitamente agradable.
La librería de la señora Isabel es pequeñita, con muchos libros, y ella sola... encontré que esa tienda era distinta, en el centro, habían unas mesas para la lectura, y en los muros, interminables filas de libros nuevos y usados, pero todos abiertos y sin codigo de barra, sus precios estaban escrito a lapiz mina, en el sector superior derecho de cada ejemplar.
Isabel me invitó a la mesa del centro, donde había más luz, tomó el libro y comenzó a leer, hace mucho tiempo no me leían, me sentí como la protagonista de The Reader, con la diferencia que yo sé leer. Cada palabra enunciada por Isabel, le daba sentido estético y riqueza a las propias ideas de Lira.
Hubo una pausa, y por unos segundos Isabel se quedó mirandome, me descolocó, incluso asustó, ella se quitó los lentes, y confesó que yo le recordaba a una de sus nietas, la única pelirroja...siguió observándome y dijo "eres una linda jovencilla, tus cabellos rojos desordenados buscando como hijos donde caer, te brindan un aire de mujer inquieta, más tus pecas te otorgan un dejo de pequeña traviesa, la que con un solo empujon a mi puerta me trajo hasta aquí el dulce recuerdo de mi Amanda".
...Amanda, así se llama su nieta, la pelirroja madrileña que gusta de Lira.
Los dados de la vida están echados sin que pueda yo verlos... y ahora, estoy a un costado de mi universidad y frente a la Iglesia La Merced, sorbeteo una bebida, y me apuro para un cigarrillo, bajó un poco la temperatura y he olvidado mi chaleco...
Un suspiro de resumen se escapa de mis labios, devuelvo la bandeja con la lata de bebida, y el envoltorio de lo que comí, y me pregunto ¿quién dijo que el lunes es fome?.
sábado, 25 de abril de 2009
domingo, 12 de abril de 2009
El amor de Gabriela
Cada vez que leí algo de Gabriela Mistral, me sorprendí, de hecho, recuerdo muy bien a una profesora de básica, quien musicalizó uno de los poemas de Mistral, y nos la hizo cantar hasta el cansancio, pero en época escolar, por inmadurez propia de la edad, es poco lo que se alcanza a dimensionar a un artista, pasa simplemente a ser parte de una materia.
Con el tiempo, nos volvimos a encontrar con Doña Gaby, esta vez con sus poemas, y de metiche, con su historia, y ahí me quedé, porque el personaje que escribía magistralmente se volvía humano.
La relación de Gabriela con la tierra, es sin duda uno de los factores fundamentales plasmados en sus escritos, el amor a Latinoamérica, a su Chile querido, aun en la lejanía, dan cuenta de sus principales intereses.
Se relacionó con importantes figuras de la literatura internacional. Entre las lecturas sobre su historia, encontré detalles de su estrecha amistad con Alfonsina Stornni, al relacionar sus trabajos, sus cualidades, y lo que a ambas las motivaba, era comprensible tal amistad. Ambas amantes de las letras, luchadoras innatas, testarudas de la época, y también con penas de amor…
Seguí buscando humanizar aun más a esa Gabriela que por años me pareció lejana, incluso extraña. Sabido es su amor a la pedagogía y cuanto se entrego a esa noble tarea y a su gente, pero ¿ese era todo el amor que tenía Gabriela?, no, ella tenía un gran amor, Manuel.
Hace un tiempo fueron publicadas sus cartas a Manuel, cartas llenas de amor y respeto, cartas que angustia leerlas, es como entrar en lo más intimo y desconocido de la poetiza, es, de algún modo, sentarse con ella en un café y oírla decir “no me puedes amar”.
La cito en un extracto:
“XIV
13.-10 PM. Me levanté a las 3 PM. Llovía, hacía mucho frío y me quedé en cama leyendo. Después, he trabajado y sólo la noche me queda, como ayer, para conversar contigo.
Tengo mucho que decirte, Manuel, mucho. Pero son cosas que se secan al pasar a la palabra.
Me dices ingenuamente: "Dame la dicha, dámela; tú puedes dármela". Y conmovida hasta la tortura, yo miro en mí y veo con una claridad perfecta, que yo no podré dártela, Manuel. Amor, mucho amor; ternura, ternura inmensa como nadie, nadie, la recibió de mí; pero ni ese amor ni esa ternura te darán felicidad, porque tú no podrás quererme. ¡Si lo sabré yo, si lo habré comprendido bien! Este es el punto que tú evitas tratar y es el único que debiéramos tratar, porque es "el único que importa". Tú no serás capaz (interrógate a ti mismo) de querer a una mujer fea. Hoy, ayer, varios días, desde que mi viaje se ha decidido, vivo pensando en nuestro encuentro. Y me voy convenciendo de que va a ser él la amargura más grande de mi vida. Tú eres bondadoso, y querrás dejar ver el golpe, y (eso será lo peor) me hablarás con cariño. Tal vez llegarás a besarme, para engañarte más que para engañarme. He observado que hay en ti un gran deseo de engañarte, de creerte enamorado, de gritarte conmovido. Quieres conmigo aturdirte como con un mal aguardiente, para olvidar; no me alegues; ¿qué puedes alegar? Todo lo que dices, tu acariciar y tu emocionarte hasta lo más hondo es por lo que tú crees que soy yo.”
Es fácil distinguir cuanto amor existía hacia Manuel, y a su vez, la enorme inseguridad que la rodeaba. Sus letras, llenas de fantasías, imágenes en el aire plasmadas en cartas, letras, y poesía, llevaban hasta a ese hombre especial el mensaje preciso, un te amo.
¿No comprendía Gabriela que su inmensidad radicaba en sus acciones, en su ser, en su esencia, y que por ello, era perfectamente una “hembra” para amar?, pero la entiendo, y es que como toda mujer, entendió que la estética es también importante en un amor, incluso, fundamental en el desate de pasiones, y eso… atormentó las noches de Mistral, donde en cada carta una y otra vez explicó su rostro, su dureza, su poca sutilidad en la caricia, caricia que imaginó mil veces, besos que se escaparon en suspiros al pensar en Manuel, y que se prohibió vivir, sentenciando: “para qué hablar, fantasear contando con el futuro, si estamos edificando sobre una locura?”.
Con el tiempo, nos volvimos a encontrar con Doña Gaby, esta vez con sus poemas, y de metiche, con su historia, y ahí me quedé, porque el personaje que escribía magistralmente se volvía humano.
La relación de Gabriela con la tierra, es sin duda uno de los factores fundamentales plasmados en sus escritos, el amor a Latinoamérica, a su Chile querido, aun en la lejanía, dan cuenta de sus principales intereses.
Se relacionó con importantes figuras de la literatura internacional. Entre las lecturas sobre su historia, encontré detalles de su estrecha amistad con Alfonsina Stornni, al relacionar sus trabajos, sus cualidades, y lo que a ambas las motivaba, era comprensible tal amistad. Ambas amantes de las letras, luchadoras innatas, testarudas de la época, y también con penas de amor…
Seguí buscando humanizar aun más a esa Gabriela que por años me pareció lejana, incluso extraña. Sabido es su amor a la pedagogía y cuanto se entrego a esa noble tarea y a su gente, pero ¿ese era todo el amor que tenía Gabriela?, no, ella tenía un gran amor, Manuel.
Hace un tiempo fueron publicadas sus cartas a Manuel, cartas llenas de amor y respeto, cartas que angustia leerlas, es como entrar en lo más intimo y desconocido de la poetiza, es, de algún modo, sentarse con ella en un café y oírla decir “no me puedes amar”.
La cito en un extracto:
“XIV
13.-10 PM. Me levanté a las 3 PM. Llovía, hacía mucho frío y me quedé en cama leyendo. Después, he trabajado y sólo la noche me queda, como ayer, para conversar contigo.
Tengo mucho que decirte, Manuel, mucho. Pero son cosas que se secan al pasar a la palabra.
Me dices ingenuamente: "Dame la dicha, dámela; tú puedes dármela". Y conmovida hasta la tortura, yo miro en mí y veo con una claridad perfecta, que yo no podré dártela, Manuel. Amor, mucho amor; ternura, ternura inmensa como nadie, nadie, la recibió de mí; pero ni ese amor ni esa ternura te darán felicidad, porque tú no podrás quererme. ¡Si lo sabré yo, si lo habré comprendido bien! Este es el punto que tú evitas tratar y es el único que debiéramos tratar, porque es "el único que importa". Tú no serás capaz (interrógate a ti mismo) de querer a una mujer fea. Hoy, ayer, varios días, desde que mi viaje se ha decidido, vivo pensando en nuestro encuentro. Y me voy convenciendo de que va a ser él la amargura más grande de mi vida. Tú eres bondadoso, y querrás dejar ver el golpe, y (eso será lo peor) me hablarás con cariño. Tal vez llegarás a besarme, para engañarte más que para engañarme. He observado que hay en ti un gran deseo de engañarte, de creerte enamorado, de gritarte conmovido. Quieres conmigo aturdirte como con un mal aguardiente, para olvidar; no me alegues; ¿qué puedes alegar? Todo lo que dices, tu acariciar y tu emocionarte hasta lo más hondo es por lo que tú crees que soy yo.”
Es fácil distinguir cuanto amor existía hacia Manuel, y a su vez, la enorme inseguridad que la rodeaba. Sus letras, llenas de fantasías, imágenes en el aire plasmadas en cartas, letras, y poesía, llevaban hasta a ese hombre especial el mensaje preciso, un te amo.
¿No comprendía Gabriela que su inmensidad radicaba en sus acciones, en su ser, en su esencia, y que por ello, era perfectamente una “hembra” para amar?, pero la entiendo, y es que como toda mujer, entendió que la estética es también importante en un amor, incluso, fundamental en el desate de pasiones, y eso… atormentó las noches de Mistral, donde en cada carta una y otra vez explicó su rostro, su dureza, su poca sutilidad en la caricia, caricia que imaginó mil veces, besos que se escaparon en suspiros al pensar en Manuel, y que se prohibió vivir, sentenciando: “para qué hablar, fantasear contando con el futuro, si estamos edificando sobre una locura?”.
viernes, 20 de marzo de 2009
Sentados en la plaza de la vida
Todo partió cuando me encontré con Don Álvaro. Luego de las vacaciones había mucho que hablar, y preguntas por hacer, sin embargo, esta vez la conversa se desvió hacia un tema presente hace mucho, y que constantemente viene a dar vueltas en las tertulias con “mayores”.
Resulta que Don Álvaro, gracias a la tecnología logró reencontrar a viejos amigos, (hablo de Facebook), y me contaba que en una larga noche, volvieron a tomar sus conversas de antaño, esas que invadían las tardes de plaza, donde más de una conquista tuvo… y que aún recuerda, al menos eso distinguí en sus ojos brillosos.
La conversa, luego del balance del gran reencuentro de su generación, se tornó en crítica a la generación siguiente, y subsiguiente. Lo escuché atentamente, le di tiempo a todo su argumento, incluso pude recorrer calles y plazas con su propio recuerdo…
La tónica de sus frases cavilaban entre el enojo, la desilusión, y el descontento absoluto, procuró siempre no herir, de hecho me decía “pero tú no…”, me causaba gracia, porque en el fondo, también soy parte de “esa terrible generación”.
Bien, a lo que Don Álvaro se refería, era a la poca vida de comunidad que existe hoy, la solidaridad traducida a ceros en una cuenta, y al poco compromiso de los jóvenes con sus pares. Y tiene razón, muchas de esas cosas existen, y son tal como las enunciaba, pero me detuve en la forma de su crítica, y también en el fondo de ésta.
Reconozco en la generación de mi padre (los cercanos a los 50 años), un valor incalculable en términos de aporte a una sociedad, muchos de ellos callaron sus voces para siempre, y eso hay que considerarlo, valorarlo, y por cierto, agradecerlo.
Me imagino que el conducto regular, era continuar la hazaña, casi como una formula en la que uno peleó antes, y luego te toca a ti continuar, todo como una especie de legado. Entonces, le pregunté directamente a Don Álvaro si él había especificado tal legado a sus hijos, si dentro de la formación de estos, contempló los valores que él aprendió, si es que crio a su hijo pensando en posicionarse de la plaza, del compañerismo, del amor al prójimo en actos y no en lucas… y fue ahí donde comenzó a reflexionar, me dijo “sabes cabra, en realidad sí, yo los eduqué para ser gente de bien”, a lo que inmediatamente consulté ¿y cómo?...
Las respuestas de Alvarito, esta vez comenzaron a perder fuerza, dado que a modo de reflexión le plantee la necesidad de visión ideológica, un “algo” por qué luchar, y claramente porqué ayudar también.
La generación de mi padre y de Álvaro, estuvo marcada por una unión, algo que ni siquiera era necesario cuestionar, no hacía falta preguntarse ¿lo hago o no?, periodistas, fotógrafos, médicos, adultos y jóvenes por un mismo fin.
La llegada de la democracia, trajo a esos jóvenes la sensación de triunfo, de avance, de mejora, de ahí en adelante, muchos comenzaron a buscar un qué hacer, y porqué luchar, pasaron a lo menos 4 años para restablecer un ambiente de tranquilidad, y desde ahí abrir la otra etapa, la de destapar mentiras y avanzar en esa línea, otros, iniciaron sus vidas en lo personal, comenzaron a proyectarse, y pensando en formar familia (otros lo hicieron mucho antes).
Así como mucha prensa murió porque ya no había “blanco” de la noticia, al menos no del corte con el que se reporteaba, también murió la ilusión de una generación que dejó “las patas y el alma” en la calle, acogiéndose a un sistema que les exigía mayor demanda en tiempos laborales, la crianza de los hijos se vio compartida, y ya no era la madre la que estaba 24 horas al día por y para la familia.
Desde ahí, las cosas cambian, y de algún modo, la lucha, solidaridad y vida de barrio, se acabó, la extrema seguridad de los hijos, está supeditada a la ausencia de padres, los mismos que cuando jóvenes lucharon por una sociedad justa, hoy, pelean por su familia, pero esta vez, en busca del dinero que paga el colegio, internet, luz, agua, zapatillas, el auto… etc., de esa familia.
Don Álvaro tiene razón, las plazas hoy están solas, y también siento que en ellas hace eco el “divide y vencerás”. La sofisticación y tecnologización acabaron con un ideal, y es que ni el mismo Álvarito logró explicarme cómo transmitió ideales a sus hijos, porque se dio cuenta que sin quererlo, emitió un doble discurso, el “no salgas a la calle, es peligroso”, se contrapone a lo que le hubiese gustado ver en esta generación, y básicamente porque entendió que sus hijos, a diferencia de él, no tenían que luchar contra un “tirano”, entonces, no encontró el modo, perdió la forma, y optó por dar a sus pequeños, todo lo que él no tuvo, y el resultado salta a la vista, jóvenes sin ideología, llenos de inseguridades, adictos a las “cosas”, y de carácter inmediatista.
Finalmente, con cierta tranquilidad, y sin ánimo de culparlo, me retiré de la conversa dejando un “piénselo”, una generación es parte de una formación, la suya, fue a través de sus padres, y de una sociedad ávida de unión, busque donde está la inconexión de ésta, nuestra generación.
Resulta que Don Álvaro, gracias a la tecnología logró reencontrar a viejos amigos, (hablo de Facebook), y me contaba que en una larga noche, volvieron a tomar sus conversas de antaño, esas que invadían las tardes de plaza, donde más de una conquista tuvo… y que aún recuerda, al menos eso distinguí en sus ojos brillosos.
La conversa, luego del balance del gran reencuentro de su generación, se tornó en crítica a la generación siguiente, y subsiguiente. Lo escuché atentamente, le di tiempo a todo su argumento, incluso pude recorrer calles y plazas con su propio recuerdo…
La tónica de sus frases cavilaban entre el enojo, la desilusión, y el descontento absoluto, procuró siempre no herir, de hecho me decía “pero tú no…”, me causaba gracia, porque en el fondo, también soy parte de “esa terrible generación”.
Bien, a lo que Don Álvaro se refería, era a la poca vida de comunidad que existe hoy, la solidaridad traducida a ceros en una cuenta, y al poco compromiso de los jóvenes con sus pares. Y tiene razón, muchas de esas cosas existen, y son tal como las enunciaba, pero me detuve en la forma de su crítica, y también en el fondo de ésta.
Reconozco en la generación de mi padre (los cercanos a los 50 años), un valor incalculable en términos de aporte a una sociedad, muchos de ellos callaron sus voces para siempre, y eso hay que considerarlo, valorarlo, y por cierto, agradecerlo.
Me imagino que el conducto regular, era continuar la hazaña, casi como una formula en la que uno peleó antes, y luego te toca a ti continuar, todo como una especie de legado. Entonces, le pregunté directamente a Don Álvaro si él había especificado tal legado a sus hijos, si dentro de la formación de estos, contempló los valores que él aprendió, si es que crio a su hijo pensando en posicionarse de la plaza, del compañerismo, del amor al prójimo en actos y no en lucas… y fue ahí donde comenzó a reflexionar, me dijo “sabes cabra, en realidad sí, yo los eduqué para ser gente de bien”, a lo que inmediatamente consulté ¿y cómo?...
Las respuestas de Alvarito, esta vez comenzaron a perder fuerza, dado que a modo de reflexión le plantee la necesidad de visión ideológica, un “algo” por qué luchar, y claramente porqué ayudar también.
La generación de mi padre y de Álvaro, estuvo marcada por una unión, algo que ni siquiera era necesario cuestionar, no hacía falta preguntarse ¿lo hago o no?, periodistas, fotógrafos, médicos, adultos y jóvenes por un mismo fin.
La llegada de la democracia, trajo a esos jóvenes la sensación de triunfo, de avance, de mejora, de ahí en adelante, muchos comenzaron a buscar un qué hacer, y porqué luchar, pasaron a lo menos 4 años para restablecer un ambiente de tranquilidad, y desde ahí abrir la otra etapa, la de destapar mentiras y avanzar en esa línea, otros, iniciaron sus vidas en lo personal, comenzaron a proyectarse, y pensando en formar familia (otros lo hicieron mucho antes).
Así como mucha prensa murió porque ya no había “blanco” de la noticia, al menos no del corte con el que se reporteaba, también murió la ilusión de una generación que dejó “las patas y el alma” en la calle, acogiéndose a un sistema que les exigía mayor demanda en tiempos laborales, la crianza de los hijos se vio compartida, y ya no era la madre la que estaba 24 horas al día por y para la familia.
Desde ahí, las cosas cambian, y de algún modo, la lucha, solidaridad y vida de barrio, se acabó, la extrema seguridad de los hijos, está supeditada a la ausencia de padres, los mismos que cuando jóvenes lucharon por una sociedad justa, hoy, pelean por su familia, pero esta vez, en busca del dinero que paga el colegio, internet, luz, agua, zapatillas, el auto… etc., de esa familia.
Don Álvaro tiene razón, las plazas hoy están solas, y también siento que en ellas hace eco el “divide y vencerás”. La sofisticación y tecnologización acabaron con un ideal, y es que ni el mismo Álvarito logró explicarme cómo transmitió ideales a sus hijos, porque se dio cuenta que sin quererlo, emitió un doble discurso, el “no salgas a la calle, es peligroso”, se contrapone a lo que le hubiese gustado ver en esta generación, y básicamente porque entendió que sus hijos, a diferencia de él, no tenían que luchar contra un “tirano”, entonces, no encontró el modo, perdió la forma, y optó por dar a sus pequeños, todo lo que él no tuvo, y el resultado salta a la vista, jóvenes sin ideología, llenos de inseguridades, adictos a las “cosas”, y de carácter inmediatista.
Finalmente, con cierta tranquilidad, y sin ánimo de culparlo, me retiré de la conversa dejando un “piénselo”, una generación es parte de una formación, la suya, fue a través de sus padres, y de una sociedad ávida de unión, busque donde está la inconexión de ésta, nuestra generación.
jueves, 12 de marzo de 2009
De lo Freak a Novoa, un paso
No sólo el parlamento tuvo cambios hoy, La Moneda, tampoco fue menos y sorprendió con un cambio de gabinete, ambas situaciones fueron criticadas por los bloques correspondientes.
Mientras en el Palacio de La Moneda, Michelle Bachellet citaba a los periodistas para dar la información, en el Parlamento, bajo una lluvia de críticas, principalmente las de Tucapel Jiménez, además de una manifestación de un grupo de dirigentas de las agrupaciones de derechos humanos que no pudo ingresar al hemiciclo por no tener invitación, Jovino Novoa fue elegido presidente de la cámara alta, por 19 votos a favor y 15 en contra.
Al asumir Novoa dice: “el respeto consiste no sólo en tolerar la diversidad, sino que en valorarla como una mayor riqueza”, y aquí parte todo, ¿era Novoa el personaje éticamente correcto para ese puesto?, ¿con qué autoridad puede Novoa hablar de tolerancia, considerando que él, hace 30 años atrás, no tenía idea qué era eso?.
Hoy, al ver las diversas informaciones respecto de los temas señalados, uno podía preguntarse ¿qué está pasando?, y a decir verdad, no existe una respuesta lógica para una situación que resulta, a lo menos, paradójica.
Jovino Novoa, además de tener relación directa con el gobierno militar, ha tenido otras historias en estos años, hablo particularmente del caso de pedofilia por el que fue acusado, y en el que desconfío de su inocencia, básicamente porque quedó un cabo suelto a la hora de desmentirlo todo: Cristián Espejo, el emisario de la UDI que llevaba los sobornos.
Si "todo fuera mentira", ¿por qué los medios nunca desmintieron en su momento la existencia de este hombre, el mismo hizo de ¡parte querellante! en el caso de Rafael Maureira, Sakarach?
Entonces, para hablar de tolerancia, creo que por lo menos, debiera haberse practicado una vez, y el señor Novoa, aun no ha sido capaz siquiera de ofrecer disculpas por haber formado parte de la dictadura, ¿de qué hablamos?
Mientras en el Palacio de La Moneda, Michelle Bachellet citaba a los periodistas para dar la información, en el Parlamento, bajo una lluvia de críticas, principalmente las de Tucapel Jiménez, además de una manifestación de un grupo de dirigentas de las agrupaciones de derechos humanos que no pudo ingresar al hemiciclo por no tener invitación, Jovino Novoa fue elegido presidente de la cámara alta, por 19 votos a favor y 15 en contra.
Al asumir Novoa dice: “el respeto consiste no sólo en tolerar la diversidad, sino que en valorarla como una mayor riqueza”, y aquí parte todo, ¿era Novoa el personaje éticamente correcto para ese puesto?, ¿con qué autoridad puede Novoa hablar de tolerancia, considerando que él, hace 30 años atrás, no tenía idea qué era eso?.
Hoy, al ver las diversas informaciones respecto de los temas señalados, uno podía preguntarse ¿qué está pasando?, y a decir verdad, no existe una respuesta lógica para una situación que resulta, a lo menos, paradójica.
Jovino Novoa, además de tener relación directa con el gobierno militar, ha tenido otras historias en estos años, hablo particularmente del caso de pedofilia por el que fue acusado, y en el que desconfío de su inocencia, básicamente porque quedó un cabo suelto a la hora de desmentirlo todo: Cristián Espejo, el emisario de la UDI que llevaba los sobornos.
Si "todo fuera mentira", ¿por qué los medios nunca desmintieron en su momento la existencia de este hombre, el mismo hizo de ¡parte querellante! en el caso de Rafael Maureira, Sakarach?
Entonces, para hablar de tolerancia, creo que por lo menos, debiera haberse practicado una vez, y el señor Novoa, aun no ha sido capaz siquiera de ofrecer disculpas por haber formado parte de la dictadura, ¿de qué hablamos?
domingo, 1 de marzo de 2009
De público
Fue super simple, este verano, sólo realicé un programa dedicado al Festival de Viña del Mar, en él, tratamos todos los temas referentes al magno evento, todo, antes de que éste se iniciara, y lo decidimos así, porque tenemos a toda una prensa nacional trabajando por y para el festival.
El tema fue que dedicamos dos horas de programa a hablar de lo que podría pasar en esta versión número cincuenta, y dimos en el clavo en muchos casos, particularmente en la participación de Manpoval, considerando su rutina, todo hacía ver que el éxito no estaría de su parte, y así fue.
Después de ese programa, salí de vacaciones, y me convertí en una mera espectadora del evento, dentro de los recorridos que hice en las playas del litoral, Viña fue sin duda un referente, partí a mirar como se movía la ciudad, pero esta vez, como público. Toda la ciudad estaba llena de cámaras, promociones, teams, etc. ambos canales (C13 y TVN) no se daban tregua en las playas promocionando sus proximas producciones dramáticas, regalaban poleras, gorros, lentes, dulces, etc...
En el mismo festival, pude apreciar el espectáculo de Serrat, el cual, por ser una seguidora de su carrera, me llevó a encontrarlo buenisimo, claro, el público no lo vivió igual, pero a mi me gustó, canté mucho...
Lo que no pude evitar, fue mirar el sector de la prensa, de lejos, veía el trabajo de mis "colegas", y debo reconocer que sentí un poco de envidia, el estar cerca resulta interesante, incluso entretenido, pero desde lejos vi lo que usualmente suelo vivir, entonces, pude distinguir la incomodidad con la que se trabaja, y lo poco que se goza un espectáculo... es cierto, no trabajas a ciegas, hay un momento en el que se detiene la faena y logras ver un poco de show, pero a decir verdad, verlo desde allí, y compararlo desde donde lo hacía esta vez, me hizo notar que ser público es mil veces mejor, no tienes que cuidar tu camara, ni procurar tomar la mejor imágen, ni anotar los dichos del artista, los que después podrían convertirse en "noticia", y por sobre todas las anteriores, no tener que entrar en un festival privado de codazos.
En resumen, ser público tiene interesantes garantías, al menos desde el sector en el que yo lo fui, si bien, cualquiera podría envidiar la opción que tiene la prensa de "estar cerca" y "entrar gratis", les aseguro que ambas opciones, no son, ni en lo mínimo, agradables para lo que hay que soportar, más aún cuando debes entrar en la batalla campal de la mejor nota, imágen, etc. en esas instancias suele verse la poca solidaridad del medio, y eso, no es lindo ni agradable, pero finalmente, es una "pega" entretenida, incluido todo lo demás.
El tema fue que dedicamos dos horas de programa a hablar de lo que podría pasar en esta versión número cincuenta, y dimos en el clavo en muchos casos, particularmente en la participación de Manpoval, considerando su rutina, todo hacía ver que el éxito no estaría de su parte, y así fue.
Después de ese programa, salí de vacaciones, y me convertí en una mera espectadora del evento, dentro de los recorridos que hice en las playas del litoral, Viña fue sin duda un referente, partí a mirar como se movía la ciudad, pero esta vez, como público. Toda la ciudad estaba llena de cámaras, promociones, teams, etc. ambos canales (C13 y TVN) no se daban tregua en las playas promocionando sus proximas producciones dramáticas, regalaban poleras, gorros, lentes, dulces, etc...
En el mismo festival, pude apreciar el espectáculo de Serrat, el cual, por ser una seguidora de su carrera, me llevó a encontrarlo buenisimo, claro, el público no lo vivió igual, pero a mi me gustó, canté mucho...
Lo que no pude evitar, fue mirar el sector de la prensa, de lejos, veía el trabajo de mis "colegas", y debo reconocer que sentí un poco de envidia, el estar cerca resulta interesante, incluso entretenido, pero desde lejos vi lo que usualmente suelo vivir, entonces, pude distinguir la incomodidad con la que se trabaja, y lo poco que se goza un espectáculo... es cierto, no trabajas a ciegas, hay un momento en el que se detiene la faena y logras ver un poco de show, pero a decir verdad, verlo desde allí, y compararlo desde donde lo hacía esta vez, me hizo notar que ser público es mil veces mejor, no tienes que cuidar tu camara, ni procurar tomar la mejor imágen, ni anotar los dichos del artista, los que después podrían convertirse en "noticia", y por sobre todas las anteriores, no tener que entrar en un festival privado de codazos.
En resumen, ser público tiene interesantes garantías, al menos desde el sector en el que yo lo fui, si bien, cualquiera podría envidiar la opción que tiene la prensa de "estar cerca" y "entrar gratis", les aseguro que ambas opciones, no son, ni en lo mínimo, agradables para lo que hay que soportar, más aún cuando debes entrar en la batalla campal de la mejor nota, imágen, etc. en esas instancias suele verse la poca solidaridad del medio, y eso, no es lindo ni agradable, pero finalmente, es una "pega" entretenida, incluido todo lo demás.
lunes, 16 de febrero de 2009
Y volví...
Luego de dar vueltas por otros lados, Facebook, específicamente, he vuelto a este lugar, aunque suene extraño, me da la impresión de mayor intimidad, el otro lugar es exposición continua...
La cosa es que no sólo me dediqué a Facebook, me hice una lectora compulsiva de blogs, particularmente el de los periódicos, y me desencanté, las columnas o notas, son buenas, pero me dediqué a observar a quienes "opinaban", a los lectores que diariamente ingresan a estos medios para dejar estampada su firma.
Me encontré de todo, hubo muchos con opiniones certeras y a conciencia, mientras que otros, me llamaron poderosamente la atención porque pude interpretar que estaba frente a verdaderos "opinologos" o bien, a columnistas frustrados. Muchas veces pude darme cuenta de que las opiniones se perdían del tema principal que proponía la nota, más bien, se usaba el espacio para discutir con el "posteo" de más arriba.
No está mal, eso podría incorporarse en el ejercicio de la "libertad de expresión" (la que es hasta por ahí no más, porque los comentarios son moderados por el medio), y decir lo que se piensa.
Mi duda radica en la veracidad e información de esas opiniones, muchos esgrimen juicios de valor, de historia, utilizan conceptos rebuscados, otras veces son hirientes, y alejados absolutamente de "una realidad" respecto del tema, en el fondo, se habla por hablar.
Lo cierto, es que quien tuvo la genial idea de incorporar blogs a esos medios, acertó, si hasta se han creado comunidades virtuales de opinión, y claro, es una plataforma en crecimiento, la que otorga interesantes dividendos, considerando que es un buen nicho publicitario. Lo que asusta, es que se convierta en más de lo mismo, la "venta de noticias", pero esta vez, en la venta de opiniones, y no haya un filtro, ni siquiera una intención de moderar, educar o aportar con criterio, la información expresada.
La cosa es que no sólo me dediqué a Facebook, me hice una lectora compulsiva de blogs, particularmente el de los periódicos, y me desencanté, las columnas o notas, son buenas, pero me dediqué a observar a quienes "opinaban", a los lectores que diariamente ingresan a estos medios para dejar estampada su firma.
Me encontré de todo, hubo muchos con opiniones certeras y a conciencia, mientras que otros, me llamaron poderosamente la atención porque pude interpretar que estaba frente a verdaderos "opinologos" o bien, a columnistas frustrados. Muchas veces pude darme cuenta de que las opiniones se perdían del tema principal que proponía la nota, más bien, se usaba el espacio para discutir con el "posteo" de más arriba.
No está mal, eso podría incorporarse en el ejercicio de la "libertad de expresión" (la que es hasta por ahí no más, porque los comentarios son moderados por el medio), y decir lo que se piensa.
Mi duda radica en la veracidad e información de esas opiniones, muchos esgrimen juicios de valor, de historia, utilizan conceptos rebuscados, otras veces son hirientes, y alejados absolutamente de "una realidad" respecto del tema, en el fondo, se habla por hablar.
Lo cierto, es que quien tuvo la genial idea de incorporar blogs a esos medios, acertó, si hasta se han creado comunidades virtuales de opinión, y claro, es una plataforma en crecimiento, la que otorga interesantes dividendos, considerando que es un buen nicho publicitario. Lo que asusta, es que se convierta en más de lo mismo, la "venta de noticias", pero esta vez, en la venta de opiniones, y no haya un filtro, ni siquiera una intención de moderar, educar o aportar con criterio, la información expresada.
lunes, 21 de julio de 2008
Mi papá, el tiempo y yo

Mi viejo, aquel que no es viejo, pero la historia le pesa, sólo 44 años lleva consigo y ya pareciera que son el doble.
De pequeña solía ver a aquel jóven hombre como el más guapo, el más fuerte, el más inteligente, candidato perfecto para ser mi "primer novio", y lo fue, porque para mi suerte, él me econtraba la niña más linda y la más inteligente, asi es que no pasó mucho tiempo para que se conviertiera en mi gran amado.
Según mis recuerdos, así partió la mejor relación, él me leía los cuentos de la escuela, y aquellos que él consideraba necesarios leer, me cantaba... o pretendía hacerlo. Al salir de la escuela, entre las mamás que esperaban a sus criaturas yo hallaba a mi papá, solía correr hacia él, me llenaba de alegría verlo ahí, porque sabía que eso significaba dar un paseo en bicicleta. Llegabamos a casa y mi mamá ametrallaba con las preguntas típicas, ¿cómo te fue?, ¿qué hiciste hoy?, ¿traes tarea?, tras el interrogatorio, venía otra de mis felicidades, mi tazón con Milo, y mi eterno relato de todo lo que hice en la escuela, incluido lo malo, jamás pude esconderles nada.
Pasaron los años y los sistemas laborales y económicos cambiaron radicalemente, papá trabajaba más, lo veia menos, y mamá tuvo que salir a trabajar también, por lo que "el contrato de exclusividad" entre ellos y yo, había acabado. Pero me sentía feliz, porque ambos me dieron la tarea de ocuparme como hermana mayor, de las dos pequeñas que acompañaban mis días.
Aun así, las conversaciones eternas con mi papá, jamás cambiaron, esta vez, eramos tres pequeñas a su alrededor oyendo sus historias, las de jóven, la de aquel que corría escapando de alguna bala con destino a nada.
Hoy ya no es mi novio, pero es mi mejor compañero, ya no me acomodo en sus piernas, ni compartimos Milo, si no, un cigarro, ahora es mi viejo, con el que converso, con el que debatimos, con el que nos enfrentamos, con aquel hombre que no dice lo feliz que lo hace ver todo lo que su pequeña hoy es, pero se refleja en sus ojos, cada vez que los temas de conversación los inicio yo y para estas alturas ya contemplo argumentos.
Pero, papá... cuentame otra vez esa historia tan bonita..., aunque camino sola, y avanzo hacia lo que se dibuja como una vida propia, necesito a mi papá, necesito a aquel joven, a mi primer novio, te amé, te amo, y te amaré siempre, ¡sos mi mejor amor!.
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